Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.

Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense

sábado, 11 de abril de 2015

RADIO

Ayer, entrevista en Radio Balaguer acerca de Cuentos de Escle y mi vida como escritora.




miércoles, 8 de abril de 2015

INVITACIÓN



Yo no estaré pero sí mi libro y el material de marketing.

viernes, 3 de abril de 2015

BOCETO

Imagen de creación de Escle, por mi amigo e ilustrador del libro Cuentos de Escle, Fernando Borrás ( http://www.fernandoborras.es/ ). Ilustrador Magnífico.

jueves, 2 de abril de 2015

TILITO, ESCLE ,MIELINA, NEURATA


NOTA DE PRENSA

La esclerosis múltiple explicada en divertidos cuentos con bellas ilustraciones
·       “Cuentos de Escle” muestra las consecuencias emocionales, físicas y vitales que la presencia de esta enfermedad ocasiona
·       La autora Ester Solà Melgosa padece esclerosis múltiple desde 1999. El momento del parto en el nacimiento de su hija significó el primer brote de la enfermedad.

BALAGUER (Lleida), España – Ester Solà Melgosa presenta “Cuentos de Escle”, una compilación de cuentos fantásticos que ha creado para transmitir los sentimientos, efectos y trastornos que causa la esclerosis múltiple, enfermedad que padece desde 1999. Desde entonces, estos quince años le han dado la experiencia personal suficiente para escribir acerca del tema, además de despertarle un interés científico que se ha encargado de satisfacer.

“Cuentos de Escle” contiene cuatro cuentos clásicos adaptados a la esclerosis múltiple y la historia de la vida de Solà con esta enfermedad convertida en cuento. El hilo conductor de cada cuento es la presencia de Escle, hada mala, y los efectos que produce sobre Tilito, Sin, Alice, Aurora y Ester. La aparición de Mielina, hada buena, en cada historia, intenta apaciguar los temores y desazones de los protagonistas.

“He decidido que mi historia sea, en realidad, un cuento mágico donde viven personajes fantásticos que aderezan, a su modo, los sentimientos contradictorios que marcan mi vida. El aborrecimiento por la existencia que me transmite Escle cada día se mitiga con las palabras, plasmadas con mayor o menor acierto, inspiradas por la presencia constante, animosa y benévola de Mielina. Si la veis, decidle que la espero.” ~ Fragmento de “Cuentos de Escle”.

Según Solà, la esclerosis múltiple es ‘una enfermedad tan camaleónica que hace que su conocimiento, fuera del campo científico, sea del todo desconocida. Responder a un niño que pregunta a su padre/madre afectado/a de esclerosis múltiple: ¿Qué te pasa? es una ardua tarea para el progenitor. Este libro muestra posibles soluciones al problema, simplemente con la lectura al hijo de cualquier cuento y con el comentario: “Mira, lo que le pasa a Tilito (Sin, Alice, Aurora, Ester) me pasa a mí”.’

Con “Cuentos de Escle”, Solà quiere reivindicar que su enfermedad no es o no  debería ser tabú, así como enseñar al lector que hay tantos tipos de esclerosis múltiple como pacientes y que es una enfermedad presente en muchas personas, aunque invisible en muchas ocasiones. Además, quiere enfatizar que la ayuda y comprensión son vitales para los afectados y que la compasión es un término que éstos no entienden como ayuda.

Para más información sobre este libro accedan al enlace www.megustaescribirlibros.com

 

Acerca de la autora

Ester Solà Melgosa nació en Balaguer, (Lleida) España, el 18 de mayo de 1968. Está casada con Josep y es madre de Ariadna. Es técnico especialista de laboratorio en análisis clínicos y escritora. Actualmente está redactando “Viktor”, una novela histórico-mitológica acerca de los orígenes de la esclerosis múltiple.

Cuentos de Escle * de Ester Solà Melgosa
Cuando la esclerosis múltiple es más que una enfermedad
Tapa blanda; ISBN 9788416339051
Libro electrónicoISBN 9788416339068


miércoles, 1 de abril de 2015

EL HERMANO DE PINOCHO

Para compensaros de mi ausencia injustificada, aquí tenéis el primer cuento del libro:


EL HERMANO DE PINOCHO

Érase una vez en un pequeño pueblo de Italia, la carpintería de Geppetto, el padre de Pinocho.
Como todo el mundo sabe, Pinocho era un muñeco de madera de pino tallada en una noche de luna y estrellas por el mismo Geppetto . Su historia ha hecho las delicias de miles de niños y niñas, papás y mamás, en todo el mundo. Lo que no sabéis, queridos lectores, es que en aquel taller, aquella noche, había alguien más...
Como todos y todas recordaréis, una vez Pinocho estuvo terminado, el anciano carpintero se tumbó en una cama vieja y se durmió profundamente. Pasados unos minutos, un rayo de luz blanca entró por la ventana y adquirió cuerpo de mujer. Llevaba una diadema de perlas en la cabeza y una varita brillante en la mano izquierda que iluminaba un precioso vestido blanco.
Era Mielina, el hada protectora del trozo de madera que se hallaba al lado de Pinocho. Se dirigió al muñeco y le dijo:
—Pinocho, en esta historia no vas a ser tú el protagonista sino Tilito, tu hermano, al que voy a dar vida.
Giró su cuerpo hacia el bloque de madera de tilo que estaba delante, se acercó y lo tocó suavemente con la varita. Una larga hilera de estrellitas brillantes salió del palito mágico y se introdujo en el trozo de tilo. La habitación oscureció y, de repente, el bloque empezó a moverse: se alargó, le salieron dos piernas con sus pies, dos brazos con sus manos y una cabeza. Cuando finalizó la transformación, Mielina miró a Tilito y dijo:
—Te falta algo.
Le dio un nuevo golpecito y en la cabeza aparecieron ojos, nariz, orejas, boca y pelo.
El muñeco empezó a moverse, a mirar y a caminar. Se detuvo frente a Mielina y le preguntó:
—¿Quién eres?
—Soy tu hada Mielina.
—¿Y yo quién soy, qué hago aquí?—preguntó.

—Eres Tilito, hermano de Pinocho, ese muñeco de madera, como tú, que está a tu lado. Ahora
duerme porque es de noche. Te he creado para que le hagas compañía, está solo y triste y seguro que los dos os lo pasaréis muy bien. Eso sí, los juegos y las diversiones, durante el día. Cuando se esconda el sol, a dormir—respondió Mielina.
Chasqueó los dedos y desapareció. La luz que alumbraba a Tilito se apagó y el muñeco se quedó a oscuras. Cerró los ojos para descansar y esperar a que se hiciera de día.
Mientras dormía, un batallón de pequeñas vidas empezaba a organizarse en el interior de su cuerpo para el día que tenía que llegar.
Estaban capitaneadas por tres duendecillos que hacían que todo funcionara bien: Neurata,Neureta y Neurita.
Neurata era la mayor y la que se encargaba de que Tilito pudiera ver al abrir los ojos.
Neureta era la más responsable y procuraba que las manos del muñeco se movieran con agilidad con el objetivo de que si tocaban un objeto fino, rugoso, caliente o frío, Tilito lo supiera distinguir de manera fácil.
Neurita era la pequeña de las tres y la más juguetona. Su labor consistía en hacer que los pies de su amito pudieran andar, pasear, correr y saltar.
Los tres geniecillos no trabajaban solos, cada uno de ellos disponía de una troupe de ayudantes.
Os preguntaréis: “¿Cómo se organizaban?”
Tanto Neurata, como Neureta y Neurita vestían con ropa de deporte blanca pero como en el interior del cuerpo de Tilito hacía frío, llevaban un abrigo con una cola muy larga y ligera, que las ayudaba a moverse.
El abrigo de Neurata estaba bordado con estrellas, el de Neureta con círculos y el de Neurita con triángulos. Cuando tenían que trabajar, cada una de ellas se tenía que poner en contacto con alguna amiga que llevara el abrigo con el mismo bordado, y provocar que las dos colas se tocaran. Pero, ¿quién daba la orden para que toda esa maquinaria se pusiera en marcha? Dentro de la cabeza de Tilito vivía un señor muy serio y listo al que todos le tenían mucho respeto: El señor del sombrero gris. Su trabajo era agotador porque se pasaba todo el día organizando y dando órdenes a los grupos de trabajo para que Tilito pudiera hacer todo aquello que llevaba a cabo sin darse cuenta.
Cuando amanecía, El señor del sombrero gris llamaba a Neurata, Neureta y Neurita para dar sus primeras órdenes:
—Neurata, busca a tus amigas de cola de estrellas y diles que Tilito quiere que sus ojos vean, se ha despertado —decía El señor del sombrero gris a Neurata, que salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola de estrellas.
Entonces, Neurata buscaba y tocaba a otra amiga con cola de estrellas hasta llegar a la última, que tocaba al ojo y le decía:
—¡Levanta el párpado, que Tilito se ha despertado!
Después, El señor del sombrero gris ordenaba a Neureta:
—Neureta, busca a tus amigas de cola de círculos y diles que Tilito quiere que sus brazos y manos se muevan, quiere desayunar.
Y Neureta salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola de círculos; ésta a su vez buscaba y tocaba a otra, así hasta llegar a la última, que tocaba el brazo y la mano y les decía:
—¡Moveos, que Tilito quiere desayunar!
El señor del sombrero gris seguía organizando el trabajo de todos de manera incansable:
—Neurita, busca a tus amigas de cola de triángulos y diles que Tilito quiere que sus pies corran, va a ir a jugar con Pinocho —le ordenaba.
Neurita salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola de triángulos; ésta buscaba y tocaba a otra amiga con cola de triángulos hasta llegar a la última, que tocaba a los pies de Tilito y les decía:
—¡Venga, a correr, que Tilito se aburre y quiere ir a jugar con Pinocho!
Así todos los días y por la noche, a descansar.
Llegó una mañana en la que el sol no apareció. Las nubes tapaban el cielo, arremolinado en una ráfaga de viento que abrió de golpe la habitación en la que Tilito y Pinocho jugaban.
El estruendo provocó que los muñecos cerraran los ojos y se taparan los oídos. Cuando el silencio volvió a reinar en la habitación y los niños abrieron los ojos, lo que allí había era una figura que les llenó de miedo y que hizo que se abrazaran. Una mujer con pelo erizado, rostro diabólico y vestido negro se plantó delante de ellos y sonreía de una manera burlona. En su mano izquierda sostenía una delgada varita negra.
—Hola queridos niños, soy Escle, el hada misteriosa y hermana del hada Mielina. Estoy aquí para ser tu amiga, Tilito. Por ahora no quiero ser tu amiga Pinocho, tal vez más adelante. —rió en voz baja, burlona, tapándose la boca con la mano izquierda.
—Tilito, espero ser tu compañera misteriosa para siempre. No me verás ni me oirás, pero estaré contigo —finalizó tajante.
Tocó entonces la cabeza del niño de madera con la varita. Una nubecilla oscura se introdujo en Tilito como lo hace el humo de una hoguera cuando se apaga. Inmediatamente después, Escle se esfumó profiriendo una sonora carcajada:
—¡Jajajaja!.
Los muñecos no entendían qué había pasado ni porqué, así que continuaron jugando. Esa mañana tocaba jugar a explicar historias fantásticas y misteriosas. Se miraron unos segundos y se echaron a reír.
—Tilito, te toca empezar a ti —dijo Pinocho.
—¿No has tenido bastante con la historia misteriosa de Escle? —respondió.
Se volvieron a mirar fijamente y rieron de nuevo.
Al día siguiente, el sol volvió a salir con energía y Pinocho tocó a Tilito para despertarlo.
—Vamos Tilito, despierta. Tenemos que ir a desayunar y a jugar.
—¡Ya vooooy! —respondió el niño, que esa mañana se notaba raro. Cuando salió de la cama y se puso en pie, la rodilla se dobló y cayó al suelo. Pinocho le ayudó a levantarse y fueron los dos a desayunar.
—Pinocho, detente —dijo Tilito.
—¿Qué pasa? —preguntó Pinocho, intrigado.
—¿Hay dos soles en el cielo esta mañana? ¿Hay otro Pinocho como tú a tu lado? —preguntó Tilito, asustado.
—No, sólo hay un sol en el cielo y un Pinocho, que soy yo.
—¡Escle, hada mala! Tú tienes la culpa de todo. ¡Mielinaaaaaa! ¿Dónde estás? —chilló Tilito, mientras lloraba amargamente.
—Estoy aquí, Tilito. Tranquilo, yo sé lo que te ocurre —dijo Mielina, que apareció por sorpresa.
—¿Qué, qué me ocurre? —le preguntó, angustiado.
—Cuando Escle te tocó ayer, cortó algunas colas de las amigas de Neurata, de Neureta y de Neurita. Por eso las órdenes del señor del sombrero gris no llegan a la última amiga de la cadena y eso hace que no puedas ver bien o que tus manos no sientan lo que tocan o que, como te ha sucedido, la rodilla se doble y te caigas —explicó Mielina.
—¿Y por qué me ha pasado a mí y no a Pinocho? ¿Esto es para siempre?
—No lo sé, Tilito. Eso la única que lo sabe es Escle —contestó apesadumbrada Mielina.
— No te preocupes, llegará un día en el que el hada mala se hará buena y solo habrá un sol en el cielo.
Y chasqueando los dedos, desapareció. FIN

CUENTOS DE ESCLE

Lo siento, lo siento, lo siento ...

No os he abandonado. Simplemente he estado inmersa en la redacción de mi primer libro, ya a la venta:

CUENTOS DE ESCLE

Cuatro cuentos clásicos adaptados a la EM y mi vida con EM  hecha cuento.

Os dejo aquí toda la información de compra:             

Tapa blanda; ISBN 9788416339051

         Libro electrónico;   ISBN 9788416339068


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https://books.google.es/books?id=RoaEBwAAQBAJ&pg=PT7&dq=cuentos+de+escle&hl=es&sa=X&ei=NS0ZVan2Hs3j8AX2qYBo&redir_esc=y#v=onepage&q=cuentos%20de%20escle&f=false

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